martes, 26 de agosto de 2008

el sonido de algo

Quizás no sea prudente dijo Alberta mirando la cuchara plateada que reflejaba sus largas canas ondulantes, quizás sea solo un sueño más que no vale la pena revelar repitió con una voz sutil que se asemejaba mucho al sonido de las olas pardas de alguna playa olvidada de algún paseo solitario, Quizás fue solo un sueño y los sueños son de ese elemento que es tan constante que no revelaré el nombre porque ni siquiera se de que están hechos, luego Alberta procedió a poner la cuchara frente a su rostro y vio su cabeza invertida y sonrió, simplemente sonrió, le sonreía a la cuchara, le sonreía a la luz que en ella también se reflejaba, la luz que llegaba desde el techo en aquella habitación tan lúgubre desde la ampolleta amarilla que parecía todo saberlo y que colgaba como un perezoso lo hace en un árbol de la selva, le sonreía a sus ojos, los veía tan oscuros y con lunares, sus ojos divertidos colgando igual como los perezosos y como la ampolleta, veía sus arrugas e intentaba navegar entre las grietas para llegar hasta la nariz donde dormía un viejo ecuánime que jamás quiso salir por mas dedos que no entraron nunca y que entraron cuando no había tiempo para nada y cuando dejó la cuchara sobre la mesa junto a la tasa ya vacía de té de rosa mosqueta cerró los ojos y suspiró, suspiró tan fuerte que toda la habitación suspiró junto a ella, suspiro la cuchara junto a la taza y los restos de té que dentro de ella quedaban, suspiraron los tres cuadros pegados a las paredes y dentro de los cuadros cada escena suspiro sin desmedro, suspiraron los cisnes navegando en una laguna azulada, suspiraron los campesinos cultivando tomates bajo el sol pavoroso de algún verano de 1949 y suspiraron las tres niñas vestidas de rosado sentadas en una ventana llena de flores, suspiraron los candelabros y las velas derretidas sobre el aparador que a su vez también suspiró, suspiraron los visillos tenues y los bordados de las cillas, suspiraron las patas de la meza cansadas de estar de pie por tantos años, suspiró la misma silla en que Alberta estaba sentada, suspiró la puerta y el cerrojo y los guardapolvos y todos aquellos objetos que olvidé mencionar suspiraron igual, al unísono y el suspiro se llevo todo de aquel cuarto en aquel preciso instante, se llevo todo lo que no tuviera forma por ende el cuarto seguía igual que hace un segundo atrás y Alberta abrió los ojos miró la ampolleta y dijo…

viernes, 15 de agosto de 2008

Aleborí

cuadrados en los pies, cuidado si te pillan desprevenido, la retícula endoplasmatica siempre te persigue, quizás ahora seas infértil y nunca podrás tener hijos más yo me la imagino a ella amamantando a un pequeño querubín de cabellos delgados y sensibles y otro pequeño juega a atrapar las burbujas que el perro lanza con cada movimiento de su cola, es extraño, es una azotea el sol comienza a marcharse pero desprende sus más hermosos halitos de pereza y asombro, hay árboles en maceteros rojos y plantas con formas de mariposas y flores que giran como remolinos, el viento es fresco y con el trae todo tipo de amores, el nene esta saciado no desea más leche y decide salir a volar un rato, ella deja que se marche porque sabe que siempre vuelve pero antes lo besa en la frente. El perro que ladra a cada instante comienza a emitir un sonido de guitarra, los acordes son hermosos y joviales, y ella es tan feliz así... Fatamorgana duerme en tus calcetines cuando crees que todo es un misterio, fatamorgana piensa en ti a cada instante a cada sombra y en cada consonante cuando una paloma celeste rosó tus mejillas sin siquiera notarlo… fatamorgana no existe pero tiene muchas frutas.

lunes, 4 de agosto de 2008

oiga nuevamente llegará usted tarde!

Será que las mañanas de agosto siempre son buenas para escribir y para soñar, será que las responsabilidades se escapan por los dedos y van a parar a algún terreno baldío de alguna ciudad sin parque de diversiones.
No señor dios no admitiré que soñé con usted, no lo admitiré pero dentro del sueño descubrí que no existía pero aun así quiero creer en usted, este es un poema que tenía guardado desde hace tres años cuando yo tenía como 67.



Hoy es domingo mañana es jueves
olores que se mezclan con dióxido de carbono
materialismo impuro
me iré junto al mar, junto al océano
bailaremos por la noche al son de las olas salinas
junto al mar haré el amor
con el mar haré el amor
y mi candor se esconderá tras paredes de papel ilusa
ya no te espero nunca más, me voy junto al mar
pero siempre en las rocas.

Bueno la idea principal de este poema venia de una historia que hablaba de una muchacha de unos 24 años que anteriormente fue hombre pero se sometió a una cirugía y cambio su sexo, se enamoró de un chico, el más bello y este a su vez se enamoró de ella, todo iba bien, el le presento a sus padres ella a su tía abuela ciega y sorda, caminaban por la orilla de la playa tomados de la mano sin zapatos y jugaban a perseguir las olas, fue un día domingo, y como siempre fabricaban barquitos de papel y los ponían a flotar, ella hizo uno rosado con ventanitas y hasta personas dentro, el hizo un velero plateado con puertas y cada uno se subió a su propia embarcación, se lanzaban besos y los besos bailaban junto a las olas, que felices eran, que sutiles se sentían, danzando al compas del viento las olas y las gaviotas, todo iba perfecto, el clima era hermoso el amor que se engendraba se veía bien, llegó el atardecer y un arrebol perfecto les enmudeció la boca y los ojos se les pintaron de asombro y todos saben lo que paso después, pues el chico se enamoró una tarde de la tía abuela de la chica, se enamoraron fulminantemente porque la tía abuela le revelo al chico a través de un sueño lucido que la muchacha había sido chico con anterioridad, y la tía abuela tuvo dos hijos a uno le pusieron Marioneta Frades y al otro Diego Soto en fin bueno a todo esto la tía abuela era picara entonces engaño al muchacho muchas veces con don José Alfredo Fuentes y se dudaba si Diego Soto era realmente hijo del chico o de José Alfredo Fuentes, el chico lloraba siempre pero se secaba las lágrimas espumosas con diarios...
De la muchacha de 24 no se supo nada se dice que le entrego un poema a una mujer que murmuraba rancheras en la trescientos 24 y esta a su ves le murmuró el poema a un gato albino por allá en un puerto de pescados fritos y el gato llego a mis oídos un domingo 24 de septiembre de 1987 cuando yo tenía 1 años e incluso menos.