sábado, 21 de febrero de 2009

Luego no volvió a mirar su reloj


La calle estaba vacía, los árboles asediados por el calor inhóspito levantaron sus raíces para marchar de una vez por todas sin rumbo, pero eso fue ya hace algunos momentos finitos, ahora no queda nada ni los fantasmas acaracolados rondan aquellas tierras, es solo afonía mas silencio, la danza espectral del silencio afónico bajo los arreboles muertos de septiembre. Pierino hace media hora dejó caer de su boca tres gotas de saliva hirviente que causaron seis círculos en la tierra seca, luego no volvió a mirar su reloj. Abandonó a Peter, lo dejó sentado en un tablón de madera junto a su maleta de mimbre rugosa con las inscripciones de su nombre en Hebreo, aun podía ver en sus recuerdos esporádicos la forma del tren esquivando pasajeros y el brillo de los ojos de Peter que contenían una furia sublime desapareciendo entre la distancia y el polvo soñoliento, ya nunca más sabría de él, lo dejó en un tablón junto a la maleta de mimbre a tres pasos de las seis gotas de saliva y a seis pasos de la línea del tren, no le vendó los ojos ni le puso una hoja de laurel en su bolsillo para que le recordara alguna vez en el futuro.

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