miércoles, 23 de diciembre de 2009

martes, 22 de diciembre de 2009

De tardes violetas

Fue la tarde más violeta de la semana pasada, los árboles movían sus raíces debajo de la tierra intentado flotar nuevamente, cada rama y cada hoja desprendía un aroma sublime que se ataba mudo en las narices de las personas que distraídas caminaban por la angosta calle que llevaba hasta la casa de Lady Melina, la mujer de los lentes azules y de la boca rosada; aquella calle se encontraba bañada por un sol apelmazado que se sacudía de vez en cuando para no perecer bajo el anonimato de tantos seres ocultos bajo las piedras; estaban los árboles violetas que expelían el aroma mudo y regaban por el suelo su color con decenas de flores con forma de vestidos tubulares que de vez en cuando salían por el aire en búsqueda de destinos misteriosos.

Ya era época de vientos fugaces y de polvo en los muebles, hacia más de un año que Lady Melina no recibía visitas. Su casa que vista desde afuera parecía un punto sumergido en silencios rítmicos dentro de una partitura de papel moribundo, por dentro se convertía en un artilugio misterioso que pocos tenían la oportunidad de conocer…,

Cuando descrubrí que no podía ver en colores


Zuxu visita new york. Una amiga le contó que new york es una gran metrópoli donde suele llover ligero, lluvia un tanto acida por la contaminación de los autos, por lo cual decidió llevar un paraguas para evitar accidentes. Zuxu tiene un hámster convertido en sombrero y sueña con llevarlo a conocer las torres gemelas, aunque zuxu sabe que las torres gemelas ya no existen suele olvidarlo para mantener el encanto de su viaje.

martes, 15 de diciembre de 2009

Los pájaros

Sentada sobre una escala de cemento blanco bajo el umbral de la puerta de su casa Marina miraba la calle, el tenue viento mecía en vano su cabellera que a ratos parecía cambiar de color bajo el sol de media tarde; sus ojos en ese momento se posaban certeros sobre un grupo de pájaros que comían bajo un árbol el resto de migas de una galleta que se le había caído a un niño que pasó corriendo persiguiendo a un perro. Los pájaros le parecían agradables, por lo cual tomó un cuadernillo de hojas blancas junto a un lápiz que tenía al lado de sus piernas y comenzó a esbozar líneas; pasado unos momentos había llenado la hoja con pequeños pajaritos estáticos que volaban hacia cualquier dirección, no eran pájaros perfectos y se parecían bastante poco a los que había observado pero a ella le gustaban, sus plumas tenían diseños llamativos con pequeñas figuras geométricas, puntos y líneas onduladas, algunos con el pico muy pequeño, otros demasiado grande e incluso unos cuantos tenían sombrero de copa, entusiasmada Marina no sabía qué hacer, no sabía si colorearlos o dejarlos tal cual; después de pensarlo un poco decidió dejarlos libres, quería que sus pájaros conocieran lo que era volar como lo hacían aquellos en los cuales se había basado para hacer los dibujos, arrancó presurosamente la hoja del cuaderno y comenzó a sacudirla y sacudirla hasta que los pájaros salieron, al principio eran torpes y no controlaban bien sus movimientos, algunos se posaban en el suelo y caminaban despacio , otros volaban cerca de marina, finalmente y frente a sus ojos uno a uno se fueron desvaneciendo con el viento, Marina no alcanzaba a disfrutar por completo de su dicha tras verlos volar cuando ya los veía desvanecerse. El último pájaro en desaparecer estaba posado sobre su mano; sólo le dejo un rastro de carboncillo entre los dedos además de una sensación confusa en la mirada. Luego de un rato Marina volvió a sonreír y simplemente siguió mirando la calle con el recuerdo fugaz de sus pájaros de carbón.