miércoles, 3 de febrero de 2010

La brújula


Puedo recordar en este preciso instante el aroma de aquella casa, pero en los instantes siguientes suelo olvidarlo por lo vago de su recuerdo, aun así me aventuraría a decir que era una mezcla de madera, mirra y tomillo aunque no puedo asegurarlo certeramente ya que los olores se transforman en la memoria con el pasar de los años.

La manera en que di con ella fue bastante particular, creo haber leído en una revista un anuncio sobre una mujer que leía las líneas de la mano, los lunares del cuerpo y las manchas del té sobre el agua caliente, también descifraba los sueños y allí me detuve, pues necesitaba ayuda, un sueño constante me agobiaba hacía tiempo, solía despertar agitado y gritando; debo reconocer que siempre tuve problemas con los sueños, eran confusos y extremadamente reales pero este ultimo me parecía distinto a cualquiera de los que hubiera tenido antes; recuerdo haber arrancado la hoja de la revista y verificar si existía algún número telefónico para concertar una cita pero no había numero, simplemente una dirección de una casa ubicada en un lugar de la ciudad donde nunca había estado antes y que ni siquiera sabía si existiría, de todas formas guarde la hoja con la intención de visitarle próximamente.

Pasó un año antes de que volviera a recordar aquel anuncio de la revista, sucedió cuando dormía, era de madrugada y soñaba con una fiesta repleta de globos, papeles de colores y personas con mascaras dibujadas en sus rostros, todos parecían estar animados bebiendo vino tinto en copas rotas, me sentía muy a gusto en la fiesta, me disponía a tomar una copa quebrada de vino cuando abruptamente me detiene una mujercita de vestido azul muy distinta a todos los que estaban presentes en la fiesta, me cuenta al oído un poema de Johann Wolfgang Von Goethe y cuando se marcha me deja en el bolsillo un papel, de manera natural meto mi mano al bolsillo y tomo el papel, en el encuentro la dirección de la casa de la pitonisa que hacía una año atrás tenía intenciones de visitar, basta con resumir que al día siguiente y recordando la dirección que quedo grabada en mi mente a través del sueño, me encontraba en mi moto esperando a que la luz de un semáforo cambiara en plena búsqueda de la casa.


No tenía referencia alguna con respecto al nombre de la calle ni menos del barrio, me sentía algo confundido e iluso queriendo encontrar una dirección que quizás no existía pero de algún modo u otro me sentía profundamente empecinado en dar con aquella casa y por supuesto con la pitonisa. Di bastantes vueltas por el centro de la ciudad, cuando me canse de dar vueltas sin sentido, algo confundido estacioné la moto y decidí buscar a alguna persona que pudiera ayudarme, ví bastantes personas, pero como sabría si alguna de ellas podría ayudarme, hábilmente discrimine a las personas jóvenes y despistadas y solo me quede con los ancianos que eran muy pocos y tal vez ya ni se acordaban de cómo hablar pero aun así me arriesgue y comencé a perseguir a una señora de cabello blanco, me pare a su lado mientras ella miraba la vitrina de una tienda y le pregunte la dirección, la respuesta fue negativa, luego pregunte a tres viejos sentados en una banca y ninguno de ellos sabía nada, incluso me miraban como si yo fuese extranjero, pasaron horas de preguntar y preguntar y nadie podía decirme donde quedaba la susodicha casa, hasta que por harte de magia una mujer menuda y sonriente se me acerca; e parecía mucho a la mujer del sueño, la del vestido azul, no físicamente sino por l situación; primero me pregunta la hora y sin siquiera esperar mi respuesta me pregunta me comenta sobre el clima, yo algo extrañado inmediatamente y un poco desesperado le pregunto sobre la dirección, ella se ríe y luego se pone una mano en la frente en ademan recordativo y me dice que ella vive muy cerca de aquella dirección, que es un barrio muy antiguo y casi olvidado, lo cual me hace sentir tranquilo pues aquello me demostraba que ese lugar realmente existía…