miércoles, 13 de octubre de 2010

Una galaxia con vista al mar


Despertaba como siempre a la misma hora tras el sonido perturbador del reloj que gritaba, solía llevarme las manos a los ojos y refregarlos, para luego tomar un vaso de agua que siempre dejaba puesto la noche anterior sobre el velador; pero ese día no lo hice. Me levante de la cama y camine aturdida hacia la ventana; abrí las cortinas de par en par dejando que el sol iluminara el cuarto por completo; entonces noté que todos los muebles comenzaban a respirar disimuladamente como lo hace la hierba por las mañanas en el jardín, luego abrí la ventana y una brisa refrescante me envolvió, era el salino aroma del mar que se enredaba en mi cabello y circulaba por el cuarto posándose promiscuamente sobre todo para luego salir y volver a entrar nuevamente.

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