jueves, 30 de diciembre de 2010

La espera

Todos esos sueños que quedaron amarrados a la pata de una silla, nadie los devolverá. El tiempo es mezquino, como un animalejo grisáceo que consume todo sin remordimientos, aunque a veces deja restos imperceptibles que puedo tomar y guardar en algún bolsillo de mi chaqueta, para más tarde lavarla y olvidar que allí estubieron.

Hoy estoy analizando los sucesos que acontecen sobre este planeta tan azul y divino. Hablan de tragedias en la televisión, ayer cayó el muro de Berlín y el papa Juan pablo segundo resucitó de entre los muertos, pero lo que más me llamó la atención fue la noticia de un joven genio que con sus ojos es capaz de materializar las palabras en el mar.

Alguna vez me interesé en la magia. Al comienzo podía hacer sencillos trucos como convertir una pequeña flor en mariposa, pero cuando me dijeron que la magia no era más que una mera ilusión, no pude volver a hacer truco alguno, y así mi futuro como maga se vio truncado, como tantos otros sueños que a veces naufragan solitarios entre mis pensamientos diurnos.

Los sueños nunca mueren, simplemente nacen… siempre pueden vivir, tomando formas tan diversas como la de una cuchara o de una figura de porcelana, varada sobre algún estante de madera, llenándose de polvo; lo importante es saber recordar como fuimos niños y revivir aquello con el viento de antaño.

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