viernes, 20 de diciembre de 2013

Agua

Cada gota de agua que cae sobre tu cuerpo tiene un poco de mí, lo sé porque así lo quiero. Te he estado observando hace bastante rato, llevas veinte minutos de pie junto a la reja, inmóvil y perdida, como si no tuvieses nada mejor que hacer. Mientras, un color extraño sale de tu cabeza empapada, un color verde violáceo que envuelve tu cabello como una corona etérea, siento ganas de tocarte, de simplemente rosar mi mano con tus mejillas perladas, no sabes cómo deseo verte a los ojos una vez más, pero no puedo hacerlo, solo debo conformarme con inventarme que soy  el agua de una invisible lluvia de verano que cae sobre tu cuerpo y ya no puedo saber si estás viva o eres solo un recuerdo de alguien más que llegó volando hasta mí.


Caminábamos seguido por aquella calle, de la mano a veces, otras no, pero siempre veíamos la misma casa parada en el mismo sitio, siempre, porque eso hacen las casas, siempre están paradas en el mismo lugar.

jueves, 4 de abril de 2013

Hoy vuelvo

Estoy sentada en este escritorio, escribiendo. Miro el reloj cada cierto rato para ver cuanto tiempo me queda, y avanza lento, como un pequeño ser reptante que no quiere llegar a su destino.
Nuevamente recuerdo la canción que había olvidado, la tarareo un par de veces y vuelvo a olvidarla,  para poder volver a recordarla en algún futuro sercano.

La puerta se abre, aquella calle huele a madera pero aun así tiene un encanto particular, un encanto que solo puedes ver cuando el sol esta a punto de esconderse por las tardes.

Extraño un momento en mi vida en que el universo era una especie de mezcla de palabras y sonidos y letras e imágenes con sabores y animales callejeros que seguían mis pasos, y soles que se iban y lunas que aparecian como fantasmas circulares y nocturnos. A veces extraño aquella ingenuidad salada, aquel olor a gasolina, fruta dulce y esmalte de uñas. 

Ahora estoy sentada, aquí,  tras este escritorio, en esta oficina, esperando algo que aun no llega pero no tarda en venir...